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Prensa y difusión

La edad del Smartphone

Por Hernán Navarro para Diario Clarín

Es un debate que debemos plantearnos como sociedad debido a la sobreexposición que tienen los chicos a las pantallas (tv, tablets, notebook, cel, etc.), las vulnerabilidades y la preocupación que ésto genera en el mundo adulto. Ante esta disyuntiva vemos que la mayoría de los casos son influenciados por factores externos del entorno social, ajenos a la decisión familiar. Otras veces, los adultos ceden ante la insistencia de los chicos, y en muchos casos predomina el hartazgo de tener que “prestar” el propio. El celular se convirtió en un “chupete electrónico” para los chicos de temprana edad, y en una especie de “niñera” en los preadolescentes.

Los datos en Argentina arrojan que un niño comienza a manipular los dispositivos móviles a partir de los cuatro años y, en promedio, que adquieren su primer smartphone a los diez. Esto demuestra una notable destreza y habilidad, pero una falta absoluta de la percepción de riesgos y peligros que conlleva tener la responsabilidad de disponer de un celular inteligente y el acceso a redes sociales. Se da por entendido que ningún chico va a tener en su poder un smartphone sin tener indexadas cuentas propias en el mismo.

La diferenciación la hago en relación a un celular sin acceso a internet y un smartphone (con acceso a internet), donde en el primero les facilita a los padres la comunicación y localización de sus hijos.

Podemos pensar en los trece años, con la entrada a la adolescencia y el enriquecimiento de la vida social por fuera de la familia, como la edad adecuada para la adquisición del primer smartphone.

Estoy convencido de que nos enfrentamos a un cambio de paradigma en materia de Internet, donde los nativos digitales, denominados “Generación Z” (comprendida aproximadamente entre los nacidos en 1995 y la actualidad) se encuentran expuestos permanentemente al fácil acceso de contenidos nocivos. Por esto, aconsejo la “desintoxicación digital”, ejercida por adultos responsables, estableciendo horas de uso, normas, puesta de límites y el respeto de los momentos familiares respecto a la utilización del celular.

Desde Grooming Argentina pregonamos para el mundo adulto una mirada reflexiva: la supervisión y el monitoreo constante de los entornos digitales de los chicos, en pos de la construcción de una ciudadanía digital segura. Así, podemos brindarles el empoderamiento y la autonomía progresiva que los niños necesitan.  No queremos chicos “huérfanos digitales”, sino una familia conectada.

 

Columna publicada en la edición impresa de Clarín 2/08/2017

 

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